Praia dos Artistas, Aruana, Praia do Refúgio, Atalaia e Atalaia Nova para disfrutar de la arena y del mar. Nordestinidad, palmeras, peces buenos, estilo de vida saludable y muchos bailes. Durante todo el año, las fiestas populares de antigua tradición: Reisado, Caboclinho, Cacumbi, Taieira, Sarandaia, Lambe Sujo, Samba de Coco, Pisa Pólvora, Pré-Caju, Forró do Caju, São Pedro, Santo Antônio y São João… Aracaju es sol y fiesta que no acaba jamás.

Un tranquilo pueblo de pescadores que el comercio de azúcar convirtió en la capital del estado, Aracaju es hoy una ciudad moderna, pero tiene algo especial. Menos buscada que otras ciudades de playas, ella supo cómo preservar su originalidad como una ciudad del noreste, con ambiente agradable y relajado. La baja altura facilita la circulación de la brisa del mar que alivia el calor, y la elección de la bicicleta como medio de transporte contribuye a la buena calidad del aire.

La historia de Aracaju está conectada a São Cristóvão, la antigua capital de Sergipe. La distancia de más de 20 kilómetros entre São Cristóvão y el mar dificultaba el comercio de azúcar y, para no perder contacto con la actividad exportadora, trasladó la capital a la pequeña aldea de pescadores a orillas del río Sergipe, cerca de donde desemboca en el mar. Se presentó, entonces, Aracaju, una ciudad planificada que, en 1900, ya tenía tranvías de tracción animal y un cine. Y el patrimonio arquitectónico en São Cristóvão estaba siendo compensado por edificios que, de la pequeñita Igreja de Santo Antônio, en la parte superior de uno de los pocos altos, hasta la bella Ponte Aracaju-Barra dos Coqueiros, sobre el río Sergipe, componen la cara feliz de la capital de Sergipe.

ALREDEDORES

Hasta 1855, fue São Cristóvão la capital de Sergipe. Su movimiento era propio de una sede administrativa y su arquitectura revelaba su condición. Con el traslado de la capital a Aracaju, São Cristóvão ganó un aire de tranquilidad ilustre. La emoción se ha ido, pero se quedaron los hermosos edificios. Verdaderas joyas de los siglos XVII y XVIII se mantuvieron en perfectas condiciones y, hoy componen el Centro Histórico de São Cristóvão.

Aunque fundada en 1590, la ciudad guarda poco de esa época, porque los holandeses, expulsados en el siglo XVII por portugueses y españoles, prendieron fuego a casi todo antes de abandonar el lugar. Pero se levantaron nuevos edificios y la Praça de São Francisco, parte de este magnífico conjunto, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En la plaza están el  Museu Histórico de Sergipe, el Convento de Santa Cruz, que abriga el Museu de Arte Sacra y la Igreja de São Francisco, el Lar Imaculada Conceição en el edificio de la antigua Igreja e Santa Casa de Misericórdia, y el caserío que la complementa.

Hay mucho más por verse, pero no se debe dejar de disfrutar (¡y llenar la bolsa!) con los briceletes, finas galletas bien hechas por las Hermanas Clarisas del Lar Imaculada Conceição.