Próspera, moderna, enfocada en la agroindustria y, al mismo tiempo, tranquila, serena y está estrechamente ligada a la cultura indígena y sus raíces históricas. Anchas avenidas, el horizonte a lejos, árboles, tranquilidad, calidad de vida que atrae a gente de todas partes. Noches y tardes animadas, hoteles, restaurantes y bares que reciben al visitante con clase y simpatía. Campo Grande es de facto especial.

Núcleo agrícola de Mato Grosso do Sul e infraestructura capaz de acoger eventos como la Bienal dos Negócios da Agricultura do Brasil Central, Campo Grande es también un bien equipado punto de partida para las aventuras de Pantanal, en la tierra de la espectacular flora y fauna. La ciudad es muy agradable y hospitalaria y los recursos a disposición de los visitantes aseguran una estancia aún más agradable.

Fundada hace más de un siglo por los inmigrantes atraídos por campos de pastoreo natural y las aguas cristalinas de la meseta, Campo Grande ha desarrollado basado en ganadería y en el cultivo y procesamiento de la soja. La cultura indígena nativa había añadido usos y costumbres de los países fronterizos, principalmente del Paraguay y de los inmigrantes árabes, japoneses, italianos y españoles, haciendo de la ciudad un centro cosmopolita y de mente abierta. Pero la Cidade Morena,  apodo inspirado en el color de las tierras de Campo Grande, no abandonó sus raíces y es la capital del estado que tiene la segunda mayor comunidad indígena de Brasil.

ALREDEDORES

Las formaciones rocosas y las aguas cristalinas que alimentan los ríos y se desploman en cascadas exuberantes hacen la fama internacional del Parque Nacional da Serra da Bodoquena. Allí, la pequeñita ciudad de Bonito, de una calle solamente, apoya paseos a un paraíso intocado, que, unos 300 km distante de Campo Grande, ofrece a sus visitantes algunos de los aspectos más bellos de la naturaleza.

Aparte del contacto con aves y mariposas de colores raras, el punto culminante de los tours es la fluctuación. Con ropa adecuada, máscara y respirador, flotando suavemente en las aguas del Río da Prata, del Río Sucuri y de la Baía Bonita, como si fuera un gran acuario, junto a pescados como pacúes, dorados y piraputangas.

Los varios senderos del parque conducen a las cascadas y magníficas cuevas. En la Gruta do Lago Azul, aguas tan cristalinas que parecen invisibles. En la Lagoa Misteriosa, más de 200 m de profundidad para inmersiones. Cachoeira Boca da Onça, cascada de 157 m. En el Buraco das Araras, el emocionante espectáculo del vuelo de los guacamayos rojos.

Reservado para los aventureros más osados, el Abismo Anhumas ofrece un descenso de 72 m en rappel por una grieta en la roca que llega en una cueva con fantásticas formaciones y un lago donde se puede flotar.