Hermoso, maravilloso es el cielo. Con una extensión absurda, con nubes suntuosas y mutantes. Cada atardecer es un nuevo Festival del oeste. Amarillo, naranja, rojo, violeta, azul; fuego intenso y sombras profundas; puro blanco y gris plomo. Claros de Luna super-románticos y cielo salpicado de estrellas. Con suerte, Usted puede ver un platillo volador (para esto, puede que necesite un poco de imaginación, quiçá…).

Goiânia es encantadora. Una sensación de amplitud y libertad infrecuente, maravillosos parques, avenidas largas, plazas y placetas, calles agradables, árboles por todas partes, buganvíleas en flor.

Poblada por inmigrantes del interior del estado de Minas Gerais, Bahía, Tocantins, Maranhão, Pará, São Paulo y Goiânia tuve todavía fuerte aporte de la inmigración árabe, principalmente sirios y libaneses, que integra a la ciudad sin abandonar sus tradiciones. A pesar del pluralismo religioso y cultural, la convivencia ha permanecido guiada por la tolerancia y el respeto.

En 1960, el desarrollo de Goiânia ganó expresividad. Se crearon dos importantes universidades, la Católica y la Federal,  nuevos barrios aparecieron y la infraestructura urbana se amplió. Hoy, dirigidas por el agronegocio, diferentes actividades productivas mantienen Goiânia en la cresta de la ola.

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Mismo que sea necesario viajar 140 kilómetros de Goiânia, vale la pena salir a rodar la carretera y visitar Goiás, también conocida como la ciudad de Goiás o Goiás Velho (Viejo), una joya de tradición histórica y cultural de Brasil y del mundo, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESNO.

La antigua Vila Boa de Goiás nació en 1727 por Bartolomeu Bueno da Silva, que buscaba oro en la región. En 1748, la localidad se convirtió en capital de la recién creada Capitanía de Goiás. Varios edificios construidos desde entonces se han conservado y en el Centro Histórico se inicia el viaje en el tiempo.

No hace falta ir en sus bellos museos e iglesias para sentir el clima de la ciudad, que se refleja en muchas casas de los períodos coloniales e imperiales. Sin embargo, no olvide visitar las iglesias de São Francisco de Paula y Nossa Senhora do Carmo, el Museo de Arte Sacra, el Museu das Bandeiras  y el Palácio Conde dos Arcos, antigua sede del gobierno de la Capitanía.

Otra visita obligada es la casa de Cora Coralina, donde nació y vivió la poetisa. La residencia se mantiene como si Cora viviera allí, al lado del puente del Río Vermelho (rojo).