Bautizada por los franceses, construida por los portugueses. Un cierto chic, un fuerte esplendor colonial. São Luís, ah, São Luís. Ricos azulejos, colorido caserío, recuerdos de tiempos pasados. Callejones llenos de gracia, Casa de Nhozinho y Casa das Tulhas, bacuri y cupuaçu. Poderosas mareas, historias fantásticas, bordados, encajes y licores. La lengua patria amada y preservada. Detalles, floreos y colores que llenan los ojos y regalan el corazón.

PERFIL DE LA CIUDAD

En la isla de Upaon-Açu, entre las bahías de São Marcos y São José de Ribamar, está ubicada una de las más bellas capitales brasileñas. São Luís do Maranhão, fundada por los franceses venidos de Bretaña con la misión de desplegar un brazo de Francia en la región ecuatorial, estaba todavía en las manos de los holandeses antes de que se estableció el dominio portugués.

Cerca del medio del siglo XVIII, la interrupción de la industria del algodón americano dio oportunidad para la producción de Maranhão, que pasó a cubrir la fuerte demanda de Inglaterra. Esto intensificó el movimiento del puerto de São Luís y la Plaza del Comercio, construida en 1780, se convirtió en el centro de la efervescencia cultural y económica de la ciudad. Con la recuperación estadounidense, las exportaciones de algodón dieron paso a la industria textil, que, a pesar de los esfuerzos, no pudo mantener a San Luis como un importante centro económico. La fase de oro, sin embargo, dejó marcas indelebles, como la apreciación de educación, cultura y arte y había hecho de São Luís una ciudad única.

ALREDEDORES

Río Preguiças. El nombre ya dice todo, pues es por el que se llega a un lugar de pura tranquilidad. Dejando Barreirinhas – donde lo ideal es llegar en avión y disfrutar de las hermosas vistas aéreas de la región – es por el río Preguiças que llegase hasta el Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses, un vasto territorio de arena, dunas y lagunas, con 70 kilómetros de playas vírgenes que se extienden por 50 km en el continente.

La primera impresión es de qué se trata de un gran desierto. Pero luego llaman la atención las charcas de agua dulce azul-verde, abrigadas por las dunas. Piscinas se forman durante la temporada de lluvias – de enero a julio, que permanecen durante todo el año e invitan a un refrescante baño.

Pero hay otros caminos diferentes del río Preguiças. Es posible, por ejemplo, ir en Jeep, desafiando las dunas, hasta las lagunas Azul y Bonita. O alquilar una bicicleta para ir a Caburé. O, la opción de los aventureros: poner la mochila con comida y agua en la espalda e irse a pie por los caminos.

Barreirinhas es el principal punto de apoyo, pero en pueblos como Atins, Caburé y Mandacarú hay hostales y restaurantes muy simples que atienden con perfección a los naturalistas.

¡Una aventura y tanto!